Vivía sola, en lo más profundo de su bosque mágico. Un alma pura, blanca, dedicada a sus hechizos mágicos. Solo regalaba sus pócimas a cambio de una sonrisa fresca. Sin condiciones, el pueblo acudía a su regazo buscando su sabiduría, y todos conocían la pureza de su corazón.Sentada en lo alto del tejado de su cabaña, se le acercó una niña, la miró y tan solo le pidió que la abrazara. La hechicera sin dudar, así lo hizo. La apretó muy fuerte a su pecho, y le susurró al oído que no tuviera miedo que junto a ella no sufriría ningún mal.La niña sonrió y guardó en su bolsillo la paz que ese ser tan mágico le había regalado. Sin dudarlo se quedó a vivir junto a ella. La vida transcurrió apacible hasta que una luz oscura se apoderó de la maga. Durante tres noches tres horribles sueños la alertaban de la traición. El anunciado castigo por sus embrujos, le gritaba que abandonara todo lo que le rodea y sin detenerse no mirara atrás.En la cuarta noche, se sentó cerca del fuego purificador y durante tres veces le preguntó a la niña si quería contarle algo. La niña de ojos claros, con una sonrisa la miró y le dio un abrazo. En ese preciso instante un escalofrío recorrió el alma pura de la maga.Con los primeros rayos del alba, aun guiados por las antorchas, vinieron a prenderla, la gente que tantas veces había buscado su ayuda, ahora eran los verdugos. La mirada calmada de una mente tranquila, aterrizó en la malvada niña que tan solo pudo agachar la mirada traicionera.En su rostro no hubo ninguna muestra de resistencia tan solo aguardó el final anunciado en sus sueños premonitorios.Solo un muchacho, silencioso y callado, aguardó sentado tras la muchedumbre a que todos partieran, y en la soledad del inicio del día. Se dirigió a la niña, que sorprendida por su presencia le preguntó que venía a buscar. Este tan solo le entregó un papel y le dijo: vengo a entregarte un presente. Sin mediar una palabra más partió. Ahí quedó la niña leyendo una y otra vez el papel. Su regaló era la soledad.Autor Desconocido.